Córdoba, 30 de Julio de 2011
Estimados Oyentes:
Hace algunas semanas hablábamos en este programa de los caminos del Sur Estadounidense….de los caminos, de sus cruces fatales y de la soledad de reyes y vagabundos. El Rey que hoy evocaremos, nació con la pobreza de un vagabundo y no debería haber venido tan solo a un mundo tan difícil. Las crónicas borrosas de la época, refieren lo siguiente:
“…En la madrugada del 8 de enero de 1935, el médico que llegó a un barracón de madera en East Tupelo, Mississippi, se encontró con una mujer en pleno parto. Junto a ella estaba su joven marido. La escena trágica termina con la muerte del recién nacido. Con tristeza, el médico comenzó a recoger el instrumental, pero la odisea de la joven mujer no había terminado aún. Ella presentía la llegada de otro bebé. Treinta y cinco minutos más tarde, nació un segundo niño, vivo y en buen estado. Le llamaron Elvis…..Elvis Aaron, y a su gemelo que nació muerto, lo bautizaron póstumamente como Jesse Garon, nombres escogidos porque casi rimaban. Al día siguiente, enterraron a Jesse en una tumba sin nombre…”
Los padres de Elvis procedían de familias de parcelistas blancos y pobres de Mississippi. La pareja se había fugado 18 meses antes de lo relatado, para casarse a espaldas de sus familias. Vernon Presley y Gladys Smith tenían respectivamente 17 y 22 años; poseían tan pocos recursos, que la tarde de la boda tuvieron que pedir prestados un pequeño monto de dinero (que ascendía a solo tres dólares) para pagar la licencia matrimonial y casarse en secreto y soledad.
Gladys Smith era una chica trabajadora, ambiciosa, atractiva y con una afición musical anterior a su matrimonio. Una pequeña parte de sangre Cherokee era la responsable de sus elevados pómulos, que Elvis hizo famosos. Vernon pasaba de un trabajo sin futuro a otro, mostrando de esta manera su escasa ambición. La familia dependía normalmente de la ayuda de vecinos y del gobierno.
Debido a que los Presley estaban entre las familias blancas más paupérrimas, a menudo vivían en casas designadas para blancos, dentro o muy cerca de las zonas delimitadas para negros. Una de estas viviendas de alquiler, en Tupelo, se encontraba justo enfrente del Shake Rag, un gueto afroamericano marginal, donde la música que salía de los garitos y de los bares de gramola (fonógrafos) se podía oír toda la noche.
Pero existe otro detalle, que le dejó huella a Elvis en sus primeros años…. La única verdad absoluta entre la gente pobre es la religión. La familia Presley era muy religiosa y desde su infancia, Elvis contempló, cantó y grabó en su memoria, (en las Iglesias del movimiento protestante, donde asistía), como los predicadores conducían a su congregación hasta el paroxismo, poseídos por los cantos de alabanza y a menudo entre salvajes contorsiones.
Estas son dos de las principales influencias que moldearon su música, y más tarde a la música popular en general: los ritmos negros y el espíritu gospel, siempre presentes en su infancia…. Se cuenta que a los 11 años, Elvis quería una bicicleta para su aniversario, pero temerosa por su seguridad, Gladys lo convenció para que se decidiera por una guitarra. Desde ese momento un nuevo mundo se abrió para el muchacho.
Ya que Elvis nunca se destacó en los estudios, pasó por la escuela sin pena ni gloria. Según los expedientes escolares era «agradable» y «normal». Incluso la palabra «solitario» también se menciona en esos informes, como un eco que retumba en el horizonte de su destino.
En noviembre de 1948 la familia se mudó a Memphis, Tennessee. Durante su tercer año en la secundaria, Elvis comenzó a sobresalir entre sus compañeros, en gran parte por su apariencia: se dejó crecer las patillas y peinaba su cabello con aceite de rosas y vaselina. En su tiempo libre, asistía a Beale Street, el corazón de la escena del blues de Memphis, donde el mismísimo B.B. King , lo recuerda merodeando los locales de música negra con un aspecto extravagante. Ciertamente, es casi innegable que Elvis escuchaba las estaciones de radio regionales, entre ellas, la innovadora WDIA que llevaba dos años en el aire y viraba de forma drástica a la transmisión de «grabaciones de raza», espirituales, blues y el sonido recargado de la Beale Street afroamericana.
A pesar de su timidez, era como si en secreto se viera ya como una estrella, intentando ocultar su inseguridad y su terrible acné tras una excentrica apariencia.
En el verano de 1953, a los pocos días de acabar el colegio, dio un paso gigantesco. Había leído en el periódico local, la noticia de un pequeño estudio de grabación en Memphis… donde cualquiera que quisiera grabar un disco, podía hacerlo, por menos de cuatro dólares….Este Estudio formaba parte de la Sun Records, un pequeño sello discográfico creado unos tres años antes por un joven ingeniero de sonido llamado Sam Phillips.(hoy en día, Phillips es reverenciado como uno de los personajes más influyentes en toda la historia de la música rock. Pero por aquel entonces, era un productor bisoño).
Para asistirle en su pequeño negocio contrató a Marion Keisker, una modesta celebridad radiofónica local; ella se ocupaba de la contratación y de la contabilidad…..Un sábado por la mañana entró en el estudio un muchacho muy nervioso y con patillas. Años después, Keisker conto: «Cuando le pregunté qué tipo de cantante era, Presley me contestó: «Canto todos los estilos de música»….. Cuando le pregunté como quién sonaba, él respondió: «No sueno como nadie».
Normalmente, Marion Keisker se habría limitado a cobrar los cuatro dólares y entregarle al muchacho su disco pero, recordando una advertencia de Phillips, anotó su dirección y teléfono. «Sam siempre me dijo que si podía encontrar a un artista blanco que cantara con la convicción de un negro, haría con él un millón de dólares».
Esta historia no solamente no termina aquí: Me atrevo a cortarla en el momento exacto donde empieza a desarrollarse la parte de la leyenda que más se conoce. Porque es justo en este punto donde todo se vuelve fatalmente indetenible:… El éxito instantáneo y brutal de esa grabación, su estallido en las radios del sur, los contratos, las actuaciones, la histeria, los millones, los lujos, el exceso, las peliculas, las drogas, la celebridad desaforada, el rey del rock y el sueño musical que se trasforma en pesadilla.
El 16 de agosto de 1977, se detuvo esta espantosa vorágine que todos, alguna vez, quisimos vivir. Elvis, que ya no conocía límites, descubrió el último límite en el baño de su mansión. Quizás… sintió miedo, seguro sintió soledad… Pero a los monos nos reconforta esta fantasía poética: Del otro lado del río Aqueronte, lo esperaba su propia cara, la de Jesse Garon…la que busco con angustia en su primer día en este mundo, y se perdió para siempre en una tumba sin nombre.
Desde Alberdi, les escribió Silvio….el reparador de espejos rotos.
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