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Misiva Lasciva 9: Moby Dick



Córdoba ,05 de Mayo de 2011



A principios de esta semana, casi por casualidad, me topé con un libro que he leído varias veces y en distintas circunstancias: Moby Dick. Esta obra de Herman Melville es desmesurada en varios aspectos: su cantidad de capítulos, sus descripciones navales e ictiológicas enciclopédicas, su clima apocalíptico, su simbolismo oscuro y magnético… y los casi 3 años que JP lo tuvo en su casa de Unquillo para completar su lectura.



En Estados Unidos la canonización de Moby Dick por parte de la crítica ha sido tardía y peculiar. La obra apenas se leyó en su tiempo y fue redescubierta en los “alegres años veinte”, tras la primera guerra mundial….Eran otros tiempos aquellos….

Señorita: Hola Marinero….que guapo te ves con ese uniforme.
Marinero: Es la expansión hegemónica y los vientos del Atlántico Norte. No hay nada que predisponga más para la conquista, que seis meses en el mar y la seguridad de ser los guardianes del mundo libre…
Señorita: ¿Y usted anda libre como el mundo o hay alguien que comande su barco?
Marinero: Yo vigilo señorita. Y el que vigila, nunca es totalmente libre. ¿Me interpreta?
Señorita: Por supuesto….pero…. mejor déjese puesto el uniforme…..que tengo un amigo anarquista que no me hace tantas preguntas.

Este contexto de reconocimiento de la obra, no fue solo una era de expansión y prosperidad económica ( hasta el crack de 1929)…. sino también una época de consolidación cultural. Y así como en la Inglaterra Victoriana, el romanticismo transfiguró a Shakeaspeare en el maestro y educador del país, dando a sus versos el carácter de “sentencias de sabiduría moral”….El capitán Ahab y su persecución obstinada del pálido Leviatán se introducen en el subconsciente norteamericano como un ícono simbólico….pero…¿SIMBOLIZANDO QUE?

….Ay, estimado oyente…¡Qué bueno que se empieza a poner esto! Porque si bien toda la aventura, de esta desatinada tripulación, tiene un tono heroico de lucha contra el mal, de sacrificio abnegado en pos de valores económicos que aseguren el bienestar de la familia, de la fatalidad trágica que existe en la búsqueda de justicia……Todo ese maquillaje de seudovalores se derrumba en el capitulo 128 cuando el capitán Gardiner, a bordo del Rachel, implora ayuda al detestable Ahab para buscar a su hijo perdido, y la palabra que retumba en el horizonte oceánico es…. …NO.

Melville dejó el plato servido, y un pueblo glotón lo eligió como monumento nacional, sin reparar mucho en los ingredientes utilizados por el cocinero…. interpretando quizás el relato como un canto a vaya a saber que ideal de aventura y justicia.
Lo bueno de las grandes obras de la literatura…. y Moby Dick es una de ellas sin lugar a dudas… es que nunca representan a una nación o a unos valores de panfleto barato. El verdadero arte excede la pedantería interpretativa circunstancial en busca de otros territorios más profundos.

En el capitulo 109, el primer oficial del Pequod , conocido como Starbuck, interpela al capitán Ahab a detener el barco y arreglar los barriles de aceite de ballena que están averiados. Ante la terca negativa del viejo, que se presiente muy cerca de Moby Dick, Starbuck, no vacila en advertirle: “No es de mí, ni de la Ballena blanca de quien debe cuidarse: Que Ahab se cuide de Ahab.”

Y así, como una granada a la que le han quitado la escotilla, lo heroico se retira del tono general del relato y nos encontramos con la fuga de todo lo visible hacia la nada….hacia el mar: El barco que se hunde, el capitán que muere envenenado de su propia venganza, La ballena blanca de la que nunca más tendremos noticias… y una ficción con aroma a profecía que nos absorbe hasta el fondo del océano.

Estimado oyente, no lea Moby Dick... bastará con examinar los diarios de la última semana… cualquier parecido simbólico con la actualidad, es mérito del genio de Melville.




Silvio, polizón empedernido de barcazas hundidas.






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