Dicen por ahí que Osama Bin Laden ha muerto. Dicen que antes de tirarlo al mar, confirmaron que era él mediante pruebas de ADN, pero no dijeron cómo lo hicieron. ¿Cuánto tiempo tardó el FBI para hacer la prueba de ADN para el caso Belsunce? ¿Un año y medio? Para Osama, menos de veinticuatro horas… Dicen que lo tiraron al mar de acuerdo con los mandatos del islamismo; pero la sharía sólo permite tirar los cuerpos al mar en casos excepcionales, o sea, si mueren en el mar y no hay forma de enterrarlos sin que se pudran antes. Dicen que a Osama lo encontraron en una construcción bastante llamativa. Casi una mansión. El tipo más buscado del mundo, viviendo así, panchito. Josef Mengele, después de la caída del Tercer Reich, se paseó por todo el mundo para evadir a la Interpol, hasta que fue encontrado, finalmente, en una favela de Río de Janeiro. Comparando un poco, ¿qué carajo hace Osama en una construcción tan fácil de identificar? Yo no tengo la costumbre de comprar buzones en mercados mayoristas… por eso considero que estos detalles que oscurecen el deceso del líder de Al Qaeda, refuerzan una idea que circula desde hace mucho tiempo: que Osama Bin Laden nunca existió, que fue todo un cuento; y las ficciones no pueden morir.
Pueden morir las mentiras, y mueren de la forma más vergonzosa, como murió aquélla del ochenta y tres que nos decía “vamos ganando”. Pero no las ficciones, no esta novela de veinte años. Pueden morir las personas, y pueden hacerlo muy fácilmente y de muchas maneras, como murieron cada uno de nuestros antepasados y seguiremos muriendo todos, si no somos ficciones.
Uno mira el pasado, más precisamente el Día del Maestro del dos mil uno, y la caída de las Torres Gemelas es como si el protagonista de la novela se hubiese escapado del libro para ponerle un chirlo al autor, si es que no fue todo parte de la misma novela.
Ahora… si el que murió no fue Osama Bin Laden, ¿a quién mataron? ¿Cuántos dobles de riesgo tenía? ¿Algún nieto se quedó sin abuelo? ¿Heidi no tiene más alguien a quien preguntarle boludeces? ¿Pinocho tiene ahora casa propia?
Mateoso me dijo, poco después de que salió la noticia, que Obama y Osama eran iguales; y me quedé con la idea de que es posible que Osama Bin Laden haya recibido el premio Nobel de la paz y que los Estados Unidos se hayan quedado sin presidente. O lo que es aún más divertido, que el país que se ufana de ser el más poderoso del mundo, ahora tenga como presidente a un líder terrorista… bueno, tampoco es que sea muy grande la diferencia…
Lo más extraño de todo esto, es que se haya logrado engañar a tanta gente durante tanto tiempo. No termino de saber si eso habla mal de la gente o bien del autor de toda esta novela.
Se dice que toda identidad es lo que es por oposición con los otros; uno es lo que los otros no son. Del mismo modo, un país construye su identidad a través de sus amigos y sus enemigos; pero son, sobre todo, los enemigos los que generan el sentimiento de nacionalismo. Argentina frente a España e Inglaterra, la Alemania nazi frente al pueblo judío, incluso el Cristianismo frente al Islam durante la Edad Media. Y así, los Estados: contra Inglaterra en 1812, contra Méjico en la década de 1820, contra los Estados Unidos desde 1860 hasta 1918, contra Japón, Italia y Alemania en 1941, contra China, Corea del Norte y Vietnam del Norte entre 1965 y 1974, y, finalmente, contra Irak y Afganistán desde el 1991 y contando.
El nacionalismo se despertó con cada guerra nueva y se celebraron todas las muertes con fuegos artificiales y pancartas. Cuando pasó lo de Vietnam, todas las películas tenían como “el malo” a un oriental, en las comedias se burlaban de ellos, y hay una que en plena Guerra Fría, explora los límites del absurdo. La película Escape de Los Ángeles tiene como malo a Cuervo Jones, un tipo idéntico al Che Guevara.
En fin; transmitieron por televisión la ejecución de Saddam Hussein y todo el mundo tuvo la oportunidad de ver cómo colgaba de una cuerda. Y eso fue festejado. En el punto cero de Nueva York, una cantidad incontable de gente se concentró para celebrar la muerte de Bin Laden.
Si la religión es el opio de los pueblos, el nacionalismo es la pasta base.

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