Ahora

Pedagogía

A treinta y cinco años del Golpe de Estado del setenta y seis, uno aún puede encontrarse por todos lados con representantes del zeitgeist fachistoide. No es poco frecuente ver salir del clóset al bigotito de plomo, ya que, según dijo alguien, todos tenemos un enano fascista adentro. Yo, particularmente, tengo la costumbre de ahogarlo en dosis casi letales de cerveza. Pero hay otros que no sólo permiten que el diestro miliquismo domine sus cuerpos y sus almas, sino que lo exhiben obscenamente por las calles de la ciudad, y contaminan el aire con frases al estilo de “con los militares estábamos mejor”.

En efecto, el mismo veinticuatro de marzo, estuve en un almacén del barrio, en el cual se dio esta conversación entre el almacenero, una vecina y yo.

Almacenero – Por mí, todo bien con el feriado de hoy; pero el viernes sánguche me parece una idiotez.
Vecina: Todos tenemos una así.

Flash – Y sí… supuestamente es para fomentar el turismo, pero se me hace que es un despropósito.

Vecina – Ay, sí. El otro día, estaba hablando con una amiga que tiene un negocio en el centro, y me decía que con esto del fin de semana largo, perdía una locura de ventas. Encima, ¿quién gana con esto? ¿Los hoteles?

Almacenero – Los híper, los shopping centers,… todos los negocios que están abiertos los fines de semana. Los únicos negocios particulares que ganan son los quioscos de la Vélez Sársfield.

Vecina – ¿Por qué?

Almacenero – Porque por ahí pasa la marcha.

Vecina – ¿Qué marcha?

Flash – La que se hace todos los veinticuatro de marzo, señora.

Vecina – Ay, eso no lo entiendo; ya pasaron treinta y cinco años. No se puede vivir siempre en el pasado. Hay que prestar más atención al presente y al futuro.

Almacenero – Señora, parece un libro de autoayuda. Además, es un día al año… le damos más tiempo a Jesús, y no me diga que eso es actual.

Flash – Ahora, si a usted le secuestraran un hijo, ¿no haría lo mismo?

Vecina – Sí, pero no estaría treinta y pico de años protestando. El juicio ya se hizo en el ochenta y nueve, ya pasó. ¿Cuánto tiempo van a seguir declarando los mismos? Ya están viejos, y siguen repitiendo el mismo discurso.

Almacenero – Bah, ese juicio a las juntas fue simbólico. No condenó a casi nadie, y encima los indultaron.

En efecto, no fue sino hasta el dos mil seis que se levantaron los indultos y los juicios a todos los responsables pudieron hacerse con fidelidad a la Verdad y a la Justicia.

El diálogo del almacén continuó hasta que casi se me cayeron los dos sachet de leche; y me fui de ahí con la sensación de que la vecina no terminó de entender que estaba olvidando una noción que es básica para educar a los hijos: la coherencia. Porque, ¿qué aprende uno si un genocida, un torturador o un secuestrador de niños queda libre? Aprende que, con poder, uno puede hacer lo que se le plazca, que la ley no es igual para todos. ¿Es eso lo que una madre le quiere enseñar a sus hijos?

Es cierto que han sido demasiados años de juicio tras juicio y que no son el ideal de un sistema judicial; pero si todos esos años son necesarios para predicar con el ejemplo y poder decir que todos somos iguales ante la ley, estoy dispuesto a pasarme todo ese tiempo pensando en el pasado.
Picana: dicen que las chuletas de Flash están muy buenas.

No quiero, por nada del mundo, que por no enseñar que el crimen tiene su castigo, mis nietos, o los nietos de alguien, crean que pueden adueñarse del país, de las vidas y de las ideas. Yo nací en democracia, es cierto, y nunca viví el terror de estar perseguido por el Estado sólo por pensar distinto. Pero tampoco quiero vivirlo, porque con la libertad que hablamos en este programa, bien sabemos que terminaríamos asados en una parrilla eléctrica.

Para esto, hay que enseñar la historia en cada acto, en cada palabra, y el pueblo entero tiene que tener activa su memoria.

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